domingo, 19 de abril de 2009

Paso a paso



Vengo de caminar por la costa, la tarde estaba húmeda, algo fresca, empapada de pensamientos para no perder la costumbre. Lentamente al ritmo de mis pasos comenzaron a discurrir hacia atrás, los recuerdos, hacia ese pasado lejano, muy lejano, rescatando algunos pequeños jirones de imágenes y sensaciones.

Aquellas mañanas tempranas cuando mi mamá enfilaba hacia la playa, con su sombrero de paja, llevando a sus dos hijitas de la mano (4 y 6 años) con ese orgullo que hoy creo reconocer en las fotos y del cual yo nada sabía entonces. Supongo que íbamos en bondi o en algún auto, porque me recuerdo mirando extasiada hacia delante la calle empinada, la loma, decía ella. Y, de repente… el mar… ¡ qué inmenso ¡ y ese olor tan particular, inconfundible, que hoy reconozco de tanto en tanto cuando me acerco a la orilla. Esto debió emocionarme hondamente porque es muy vivo el recuerdo cuando mis pensamientos lo rescatan. Luego nada más. Parece que aquello que siguió a esa emoción tan fuerte no hubiera existido. ¡Qué extraña es la memoria!

Muchos otros momentos vinieron a mi mente todavía mientras caía la noche, hasta que al fin supe que tenía que volver, subir al auto, encender la radio. Radio Brisas, qué casualidad, como ese aire que acariciaba mi cara, la voz agradable del locutor hablando de la inocencia de los niños, de ese niño que sigue estando dentro nuestro, aunque lo hayamos olvidado. Recordó a Peter Pan, el niño que no quería crecer, a Campanita y al Capitán Garfio a quien el cocodrilo perseguía para comerle el otro brazo.

Seguía yo transportada en el tiempo por la magia de la voz de alguien que siente lo que dice cuando caigo que voy llegando a mi casa al mismo tiempo que el programa, cuyo nombre es ¨Abracadabra¨ termina. No quiero apagar el auto porque escucho que el conductor comienza a leer lo que Antoine de Saint-Exupéry escribe en la Dedicatoria de El principito y no quiero bajarme. Entonces escucho:

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Pero tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de comprenderlo todo, incluso los libros para niños.

Tengo una tercera excusa todavía: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Tiene, por consiguiente, una gran necesidad de ser consolada. Si no fueran suficientes todas esas razones, quiero entonces dedicar este libro al niño que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan).

Corrijo, por consiguiente, mi dedicatoria: A LEÓN WERTH cuando era niño

Y a modo de sobredosis, justo antes de decidirme a apagar el encendido del auto, escucho la voz de Pergolini rematándome de emoción en ese monólogo imperdible que ahora yo les quiero regalar a ustedes acá:

5 comentarios:

Noa dijo...

Interesante texto y precioso blog ;)
Gracias por pasarte por el nuestro y te añadimos a nuestros amigos ;)
Saludos!
Noa.

Luis Quijote dijo...

¡Caray!... ¿Siempre estás así de inspirada?
Los demás poetas, al lado tuyo, no tienen nada de valor.

Ana dijo...

Noa, Luis, gracias por pasar.

Luis: fue sólo un momento particular. El mar, la tarde gris y la concentración pueden muchas cosas.

El viejo vizcacha dijo...

CHORIPUNK! la banda mas heavy, nacional y popular integrada por kirchner, moreno, delia y scioli presenta su primer tema y videoclip en:

http://elviejovizcacha.blogspot.com/

se agradece divulgacion.

Peron.blog.Iar dijo...

Pase, saludos!

http://unfuturoperonista.blogspot.com

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